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La diplomacia a través del vestir.


Están siendo unos días muy duros. La guerra de Ucrania protagoniza la mayor parte de los titulares de los medios de comunicación y de las publicaciones en redes sociales. Es totalmente inaudito que en pleno siglo XXI se esté viviendo una guerra en Europa y creo que a todos nos está afectando de una u otra manera.


En los últimos días, la respuesta por parte de la sociedad ha sido increíble, sumando grandes cantidades de donaciones para los afectados. Y además, las grandes multinacionales (en las últimas horas, muchas empresas de moda) y figuras públicas empiezan a posicionarse de la manera en que pueden (o quieren).


En cuestiones políticas no voy a opinar sobre la situación porque considero que no tengo la formación suficiente para poder hacerlo, pero si que he querido escribir estas líneas en relación a una noticia del mundo de la moda que fue muy comentada ayer: la aparición de la Reina Letizia en la 'X Edición de Ayudas a Proyectos Sociales' de la Fundación Mutua Madrileña con una camisa inspirada en una prenda tradicional ucraniana, la llamada 'vyshyvanka'.



Esta aparición provocó un aluvión de alabanzas pero también de críticas e incluso mofas. En el caso de las reacciones negativas, el argumento se basa en la supuesta poca ayuda que supone un gesto simbólico a través de la ropa. Lo que me ha hecho reflexionar y tirar de momentos históricos en los que la moda en unión con la política, ha jugado un enorme papel.


En este sentido, creo absolutamente necesario rescatar la figura de Madeleine Albright, diplomática, fue la primera mujer que se convirtió en secretaria de Estado en EEUU (equivalente en otros países a un Ministro de Asuntos Exteriores) y ha formado parte de la Organización de Naciones Unidas y de la cumbre del G-20. Como veis una mujer absolutamente fascinante que con sus más de 80 años, aún sigue volcando sus conocimientos y opinión política en medios como The New York Times (el último artículo publicado ha sido hace tan solo unos días).




Madeleine Albright, comenzó a hacer uso de sus broches, utilizados como adorno de sus chaquetas, como parte de su lenguaje diplomático (lo relata en su libro 'Read my pins' traducido como 'Lee mis insignias'). Según sus propias palabras: "Utilizados en su debido momento como símbolo, los broches pueden añadir calidez o presión en una relación".


En realidad, el inicio de estos 'broches diplomáticos' fue a raíz de que Sadam Husein la tildase de 'serpiente' por su inamovible postura ante las inspecciones de armas de destrucción masiva de Iraq. Ella en respuesta, cada vez que se reunió con él, se puso un broche con forma de serpiente.


Pero además de serpientes, ha utilizado escarabajos, avispas, misiles pequeños, cebras o soles siempre en función del mensaje que quería transmitir a su interlocutor. Por ejemplo, el broche del escarabajo lo utilizó en una reunión con las autoridades rusas al conocerse que habían estado realizando escuchas ilegales a través de un artilugio que en inglés denominaban 'bug' (traducido como 'bicho'). O también, en un guiño diplomático amable, es muy conocida la reunión que mantuvo con Nelson Mandela en la cual llevó un broche con una cebra (símbolo de África).




Por supuesto, la utilización de su vestuario como arma diplomática llegó a suscitar también muchas críticas (teniendo en cuenta el machismo que aún predomina en el escenario político), a lo que ella siempre respondía: “Que llevemos pendientes no quiere decir que no sepamos pensar”. De hecho, hasta el mismísimo Putin quedó intrigado en varias ocasiones ante el mensaje de sus broches e intentaba descifrar a quién iban dirigidos.


Como Madeleine Albright, muchas otras mujeres con cargos importantes como la Reina Isabel II de Inglaterra o Margaret Thatcher han hecho de su vestuario un arma de doble filo utilizándose no sólo para embellecerse sino como transmisor de un mensaje que muchas veces no se puede decir directamente con palabras.


Evidentemente, los mensajes a través de la ropa de forma aislada no constituyen una solución a un conflicto de gran magnitud como el que estamos viviendo ahora, pero es un paso al frente, un posicionamiento que muestra apoyo y que añade presión a las relaciones internacionales.








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